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Los dientes y la línea media

María Martínez

Montevideo (Uruguay), 10 de Junio de 2023

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Estuvimos —el plural refiere a Gatti y a mí— en una olla popular, la “Faustino “Chimango” Rodríguez” en el barrio del Cerro de Montevideo. Es un lugar donde cocinan y reparten comida a quien viene a buscarla. Lo hacen voluntarios que están organizados en red a nivel de Montevideo. Y ya son más de 220 las ollas en esa red. Pasamos una mañana en la olla charlando con las 6 personas que ese día estaban cocinando mientras ayudábamos a pelar y picar verdura. Se cocina donde vive el referente de la olla, Hugo, militante del Partido Comunista, antiguo trabajador de la industria gastronómica retirado por enfermedad desde hace tiempo y que ahora vive de una pequeña ayuda del MIDES (Ministerior de Desarrollo) y de cosas que van saliendo. Los otros que cocinan tienen un perfil similar: uno de ellos está realmente enfermo y le cuesta moverse, acompaña más que nada; una de las mujeres es vendedora ambulante (de caramelos) por los autobuses de la ciudad; las otras hacen servicio doméstico o lo que les sale. Algunas tienen también vinculación con el partido comunista. Todos comparten una posición en el borde entre la afiliación y la desafiliación; algunos han tenido que hacer uso de las ollas o las usan sus familiares. Colaboran desde la precariedad propia.

Pasamos toda la mañana con ellos y no puedo dejar de fijarme en sus dientes; o más bien en su falta. Es algo que comparten: no creo que ninguno tenga toda la dentadura, no sé si entre dos hacen una dentadura completa. Y la que tienen está en un estado deplorable. Pienso en varias cosas, en referencias podemos decir que opuestas: en Haraway, y en mis familias (la de “sangre” y la que llamamos política). El documental “Donna Haraway: Story Telling for Earthly Survival” realizado por Fabrizio Terranova empieza con Haraway relatando bellamente cómo se topó con la perfección de las dentaduras de los estudiantes (también de cuerpos perfectos) de Princeton un día que fue a dar allí una conferencia. Estaban tan perfectamente alineados que le parecieron hasta extraterrestres. Se pregunta Haraway a partir de eso sobre la historia de la odontología y cómo esa ciencia ha definido qué es una dentadura perfectamente alineada, esto es, cómo decido cuándo se para de alinear los dientes, cuando se llega a esa dentadura perfecta. El modelo, dice, es el del Miguel Ángel.

¿Qué nos dicen los dientes, no imperfectos, sino incluso su falta? Aquí pienso en mis familias. A mi abuela, nacida en 1917 en la rural Castilla y León (quién haya leído a Delibes sabe de ese paisaje), la conocí siempre sin dientes. O con dientes falsos, de esos que se quitaban por la noche y se metían en un vaso de agua con una pastillita que los limpiaba (creo). A mi padre también le conocí siempre sin un tercio de los dientes, usaba un aparato (no recuerdo el vaso y la pastillita, quizás lo había) para que no se viera su falta. Cuando éramos pequeños incluso jugaba a asustarnos quitándose el aparato. Más tarde, en este nuevo milenio, cuando se extendió la tecnología de implantes dentales, se rehízo casi toda la boca. Pienso también en el abuelo de mi pareja, francés como el nieto, aunque de una Francia en sus bordes, la Isla de la Reunión. Tiene más de 90 años y tiene todos los dientes. Y los tiene bien cuidados y alineados. Nunca pregunté si eran sus dientes o eran implantes; asumí que eran suyos porque le conocí antes de que se hicieran común en Europa los implantes dentales. Sus dientes estaban mucho más cuidados que su “casa” en la que ya no vive desde hace un par de años por vejez y sus enfermedades asociadas (ahora reside en una casa-residencia: un modelo de residencia más “cuidadoso” porque lo aloja una familia a la que el Estado francés, por supuesto, recompensa económicamente por su cuidado). La que yo conocí como casa del abuelo se parece curiosamente (o no) a la de Hugo que es donde se prepara la olla. Las dos parecen estar siempre en construcción, hechas de materiales (ej. uralita) que tienen algo de provisionalidad y mucho de auto-construcción. Ambas casas comparten tener un terreno en el que hay espacio para huerta y sobre todo espacio para ser ocupado por cosas que no siempre se entienden por qué están ahí y que plantean la tensión entre casa-habitada y casa-para enseñar. En el terreno de Hugo había bidones, herramientas, bancos, sillas y otros objetos en una posición que desde mi lectura era de desorden; en el terreno del abuelo de mi pareja llegó a haber hasta dos bañeras de las que se habían hecho dueñas las gallinas. Tanto tenían de común ambos lugares que te recibían con banderas del partido comunista nada más cruzabas el umbral de la puerta de la casa. El abuelo de mi pareja tiene dientes, a Hugo le faltan algunos, a otros de los que vienen a preparar la olla les faltan casi todos. No puedo dejar de pensar en ello ahora y no podía desviar mi mirada mientras estuvimos allí.

La olla no la reparten donde la cocinan; usan el local de una asociación de vecinos del barrio para hacer el reparto. Es una asociación de vecinos que ofrece actividades para niños y para mayores (entre otras cosas, yoga y pilates). Hablamos con el presidente de la asociación, un jubilado del barrio, que hace un diagnóstico del país y del incremento de las ollas. Dice que quienes las usan cayeron de la “línea media”. Me pregunto y discuto con Gatti sobre el significado de la línea media pues me rebotó, como europea que soy al fin y al cabo (aunque sea también desde una Europa en el borde) la idea de clase media. Si cayeron de la línea/clase media es que serían parte de la clase baja y para mí han de estar mucho más allá: ¿cómo van a ser clase baja con esos dientes? ¿cómo serán los dientes de quiénes vienen a usar la olla que han de estar mucho más debajo de esa línea media? En la discusión con Gatti parece que la línea media no es clase media, sino que es esa línea que marca la frontera entre la desafiliación y la afiliación, a quien quedó dentro de la protección (del Estado) y quien ya está más allá. Los que organizan cada semana la olla y los que vienen no son muy diferentes. La mayoría están en esa línea entre la afiliación y la desafiliación (de ahí que algunos de los que preparan también sean o hayan sido usuarios) y ambos comparten dentaduras similares o los “usuarios” no tienen por qué tener dentaduras peores. Ahora, ¿es la línea media igual en Europa y América Latina? ¿cómo juega el Estado (de Bienestar) en esa definición de la línea media? Pienso de nuevo en los dientes, los de estos en comparativa de los de mis familias (particularmente en los del abuelo de mi pareja); no tengo respuesta.