Home » Viñetas » Espacios (políticos) seguros que generan familias

Espacios (políticos) seguros que generan familias

María Martínez

Buenos Aires (Argentina), 1 de junio y 18 de julio de 2023

Copyright

El 1 de junio me invitó Cecilia Varela a ir con ella a una actividad en el marco del II Congreso de AMMAR, la Asociación de Meretrices de Argentina. Cecilia lleva más de una década trabajando con AMMAR. Hace eso que nosotros no hacemos: trabajar con los sujetos de investigación, construye con ellas política haciendo incidencia en lo institucional con informes y reclamos. El marco es ese congreso estatal (nacional dicen por aquí) de trabajadoras sexuales y esa tarde Cecilia da una charla sobre los modelos socio-jurídicos de la prostitución. Transmite su conocimiento para que ellas construyan postura política, aunque no siempre esté de acuerdo con el resultado.

El previo y el post de la charla está atravesado por algo más que los contenidos políticos y reivindicativos, por una mención constante a varias cosas que están hiladas: familia, casa-hogar, espacio seguro. La referencia a la familia —una trabajadora sexual dice a las nuevas: “encantada de ver caras nuevas, ¡bienvenidas a esta familia!”— se repite a lo largo de la tarde. Como familia forman un hogar que extienden más allá de la asociación de trabajadoras sexuales; incluye al sindicato en el que se ubican: “la CTA es nuestra casa” dirá Georgina Orellano, la secretaria general de AMMAR y referente actual en la lucha de las trabajadoras sexuales en, al menos, América Latina. Son una familia, son un hogar; son un espacio seguro. Algunas participantes intervienen menos; una de ellas, trans, no quiere decir su nombre: le dicen que la respetan y la abrazan. Comienza un diálogo sobre las violencias que sufren y alguna participante menciona: “venimos de lugares muy hostiles”. Frente a esa hostilidad, AMMAR es incluyente (al contrario que otras organizaciones), es un hogar, una familia, un espacio seguro, un refugio.

Referencias muy parecidas recorren otro espacio de militancias en el que estuvimos el 18 de julio con Carolina, su amiga y antropóloga María Inés Fernández, y yo. Era la Rama de Trabajadores y Trabajadoras en Espacios Públicos de la Unión de Trabajadores y Trabajadoras del Espacio Público (UTEP) sobre lo que y con quiénes, al estilo de Cecilia Varela, lleva trabajando María Inés cerca de 10 años. Ya digo, mismas referencias: mucha familia (allí muchos militantes incluso familia de sangre unos de otros: parejas, tíos/as, hermanos/as, p/madres, etc.), y mucha referencia a ese espacio como seguro frente a las violencias que sufren en su desempeño como trabajadores/as del espacio público. En la sesión con el grupo de género con el que estuvimos dentro de las actividades del día, nos pidieron una devolución. Creo que mencioné el paralelismo de esa agrupación política con otras asociaciones o colectivos sobre los que había trabajado. La idea de espacio cerrado e íntimo —una habitación propia— estaba muy presente cuando trabajé para mi tesis con activistas del movimiento feminista en España. También entre mujeres víctimas de violencia de género en España que se agrupan. Todos ellos espacios seguros frente a las violencias o discriminaciones de un afuera (a decir de AMMAR) hostil.